Art. de Opinión: Irothatheri, El desgarrador grito de la barbarie

 

Rodolfo Montes de Oca

El pasado 27 de agosto del presente año, un grupo de yanomamis introdujeron en la Defensoría del Pueblo del Estado Amazona, una denuncia sobre la incursión armada de garimpeiros (mineros brasileros) en la comunidad de Irothatheri en el Alto Orinoco que se saldo con la muerte de 80 yanomamis que fueron incinerados por los agresores.

Esta dantesca acción, fue la culminación de una serie de escaramuzas por parte de los garimpeiros contra sus habituales adversarios, los yanomamis, los cuales se oponen a la erosión de la tierra para buscar oro y a la contaminación con mercurio de sus aguas.

Esta matanza sin precedente nos trae a la reminiscencia los sucesos de la masacre de Haximú en 1993, en la cual fueron vilmente asesinados un número indeterminado de yanomamis ante la sigilosa mirada cómplice del gobierno de turno.

Esta masacre sin parangón en la historia repúblicana, ha pasado casi desapercibida ante los ojos de una colérica sociedad venezolana que para el momento de los hechos se encontraba enfrascada en una pugna electoral inter-burguesa. Los medios de comunicación oficiales y opositores, las maquinarias partidistas y las organizaciones de Derechos Humanos hicieron escuetos pronunciamientos sobre lo sucedido, sin traer a colación la sosegada movilización gubernamental en tratar de hallar responsables.

Esta dinámica anti-humana solo pone de relieve la imperiosa necesidad que tienen los pueblos originarios de generar dinámicas propias y un discurso ajeno a las predicas oficiales, rechazando un paternalismo estatal que las petrifica y acalla, convirtiéndolas en mendigas de los gobernantes del Gran Polo Patriótico o de la Mesa de la Unidad Democrática, que solo ven en ellas una molestosa carga debido a que no votan, ni pagan impuestos. El silencio por parte del establishment solo nos da a entender su complicidad con los asesinos.

Los yanomamis como pueblo que habita en la región de la amazonia es uno de los mas avanzados en el continente en cuanto a su armoniosa relación con la naturaleza y sus practicas ajenas a la civilización occidental. La negra leyenda que se vierte sobre ellos, como un pueblo nómada y salvaje son producto de una mentalidad eurocentrista que les ha perjudicado.

La crianza de la infancia de forma mancomunada, la colectividad de los medios de producción y consumo, la convivencia a través de los shabono, el respeto del eco-sistema, el desinterés por el comercio y la tecnología, así como el mando transitorio y sin privilegios, son algunos de los rasgos antropológicos que hacen del pueblo yanomami una sociedad afín a la anarquía.

Es por ello que el movimiento libertario debe pronunciarse y cooperar activamente con los pueblos de la amazonia, buscando puntos de encuentro y de asistencia reciproca, aprendiendo de su organización social, generando complicidad y reconocimiento entre ambas formas de vida que tiene mucho en común.

La solidaridad con ellos no solo debe ser palabra escrita. Es hora de exigir investigaciones y que se de con los responsables, es hora de unir las luchas de los pueblos yukpas y yanomamis. Así como de terminas de desenmascarar un falso discurso oficial que solo se beneficia de los pueblos originarios.

Que cada 12 de Octubre no sea otra fecha de jubileo para la Administración Pública, sino un recordatorio de los que no están y de sus luchas por existir.

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