Crónicas Negras: “Algo positivo para afrontar esta coyuntura es buscar las maneras de encontrarse desde el apoyo mutuo y la solidaridad”

Crónicas Negras es una serie de entrevistas realizadas a diferentes anarquistas que se encuentran en Venezuela (o que ya se han ido), sorteando las vicisitudes de vivir en el socialismo del siglo XXI, como un relato de los tiempos que atravesamos. Hombres y mujeres que desde la cotidianidad tratan de resistir la bota y las precariedades a las cuales nos han sometido.

En esta entrega contamos con la presencia de Manuel González, psicólogo, anarquista y yogi, con el cual conversamos sobre lo que es emigrar de Venezuela y cómo podemos afrontar estos duros momentos. Aquí te lo dejamos…

–¿Cómo era vivir en Venezuela?, ¿por qué te fuiste?

–En aquel momento la situación del país no estaba tan deteriorada como lo está ahora. Estaban empezando a aparecer o más bien desaparecer algunos productos como el papel higiénico y el aceite de girasol por ejemplo. Pero la principal preocupación era el tema de la inseguridad, el cual fue una preocupación que estuvo siempre, sin embargo, en al trascurrir los años se fue incrementando considerablemente.

Estando allá tenía dos trabajos y eso me permitía reunir y vivir medianamente bien. Trabajé mucho tiempo haciendo investigación dentro de sectores populares, cárceles y publicidad y la coyuntura política de ese entonces hacía que básicamente mis empleadores fueran el Estado venezolano, tanto chavista como opositor. Ambos bajo las mismas condiciones laborales, queriendo que hicieras un buen trabajo, a tiempo y con el mínimo pago o remuneración. Así que en un momento decidí no trabajar más con ninguno de ellos. Dentro de mi profesión se puede trabajar de manera independiente, pero por lo general se necesitaba algún ente que patrocine las investigaciones, ya sean privados, públicos u ONG.

Era una Venezuela que aún te ofrecía un montón de posibilidades, que muchas veces no las veíamos por la coyuntura política de ese momento. Antes de terminar la universidad había empezado a practicar yoga y después de 3 años, practicando, empecé a dar clases porque se me fue abriendo la oportunidad de hacer unas suplencias a amigos profesores en distintos lugares y el último año estuve solo con eso. Para mí es una forma de autogestión. Como te decía antes, era otra Venezuela, y es muy triste pensar que solo fue hace unos 3 años.

Mi historia con la partida del país fue muy particular. A finales del 2013 viajaba a Argentina a hacer un workshop o intensivo con un maestro importante de la tradición de yoga que practico y que duraba unas 3 semanas en Buenos Aires, así que al comprar el pasaje, que en aquel momento era muy barato, Bs 4.500, lo adquirí por esas 3 semanas, antes de venir al workshop había terminado una relación de pareja y decidí cambiar el pasaje y empezar a viajar un par de meses al terminar el intensivo. A Todas estas, aún pensaba en regresar al país y seguir trabajando como profesor de Ashtanga Yoga.

Mientras estuve mochileando el norte Argentino y parte de Bolivia, conseguí trabajar en un hostel en un pueblito llamado Humahuaca a unas dos horas de la frontera Argentina/Bolivia con la idea de reponer parte del dinero que gasté viajando, y no llegar en cero otra vez a Caracas, por tercera vez, cambié mi pasaje de vuelta a Venezuela y estuve unos 4 meses viviendo y trabajando en el norte de Argentina.

Fue justo en ese momento cuando empezaron los problemas allá, las protestas en Altamira, las guarimbas, la fuerte represión por parte del Estado chavista, manifestaciones y toda esa situación.

Allí mi vieja me recomienda que si era posible me quedara acá pues todo se estaba complicando mucho y la situación estaba bastante delicada, así que con la poca plata que tenía en ese momento decidí quedarme, básicamente todas mis cosas estaban en Caracas, pues me había venido a mochilear. Y poco a poco y gracias a amigos me fueron trayendo cosas, desde documentos, ropa, computadora, etc. La pregunta cambia al por qué me quedé. Argentina es un país que en verdad te ofrece muchas oportunidades para salir adelante, pero se tienen que tener las ganas y disposición de hacerlo.

–¿Cuándo vivías aquí como era el tema de la inseguridad?

–¡Uh!, la inseguridad era todo un tema de verdad, una de las cosas que muy bien hizo la revolución fue reforzar la impunidad policial, el matraqueo y por ende el índice delictivo en nuestro país. Crecí en una ciudad que siempre fue violenta e insegura pero aún podíamos caminar y estar en la calle en las noches, ya sea patinando, caminando a casa o volviendo de la joda con los amigos. A medida que fui creciendo esas cosas fueron perdiéndose porque en cualquier momento y lugar te aparecía un motorizado y te quitaba todo lo que tenías encima.

Era lo que más me preocupaba la verdad, volver de dar clases y caminar del metro de los símbolos a mí casa, que serían unas 8 cuadras, a las 10 de la noche era una sensación muy desagradable. Siempre tenso y paranoico. Mientras pasaba, veía al sobrino de Nicolás Maduro, que vivía muy cerca, con sus amiguitos fumando porros en el paseo los ilustres mientras tenían 3 camionetotas negras, sin placas escoltándolos. O una alcabala frente de su edificio cerca de la iglesia de San Pedro. Eso me generaba mucha rabia. El último evento que me dije ya no puede ser, fue estando en la parada del autobús a las 6 am esperando la camionetica, veo a dos menores en moto cazando gente para robarlos así tranquilamente y la alcabala a 200 metros detrás de mí en la misma acera. Fue algo que me dio bastante arrechera de verdad. Los guardias rascándose y tomando café y la gente en la calle paranoica por esos dos motorizados.

Lo peor es ver como naturalizamos esas sensaciones de temor y cuando nos vamos del país empezamos a entender que no deberían estar.

–¿Existe una conexión entre el anarquismo y el yoga?

–Para mi la práctica de yoga es un camino de liberación de la mente y todo lo que ella trae. Me parece que vivimos en una sociedad que nos bombardea de muchísima información constantemente y que gran parte de esa información está enfocada a un modelo de consumo exacerbado y en mi caso el practicar me ayuda mucho a estar más atento, las posturas de yoga son simplemente una excusa para estar atentos del momento presente.

Sí creo que existe una conexión entre ellos. Ambos proponen una forma de relacionarte con el mundo y los otros de una forma mucho más horizontal y desinteresada. De alguna forma el desapegarte del mundo material y buscar un estilo de vida más sencillo.

El primer precepto del yoga es la Ahimsa, que significa la no violencia. Empezando por uno mismo y luego con el resto de los seres vivientes, de allí puede partir el vegetarianismo, la adopción y no compra de animales, el no consumir sustancias legales e ilegales, etc.

Pero todo eso va a depender siempre de cada persona. Encontramos anarquistas que no comen animales pero toman alcohol o quienes no toman alcohol pero sí comen animales, como yogis que estén en la misma situación. Una de las cosas que si me trajo la práctica de yoga fue el soltar mis juicios y prejuicios y empezar a aceptar las cosas como son, soltando mis expectativas de cómo me gustaría que fuera el mundo en el que estoy y eso me ha traído un poco de paz mental. Vivo en un mundo muy desigual y trato de cambiarlo con mi práctica cotidiana y no diciéndole a la gente qué “debería” hacer. Me parece que desde el anarquismo y el yoga en general a veces caemos en el decir como debe ser la cosa.

Creo en la autogestión como forma de vida y la práctica de yoga me permite compartir ese conocimiento que me va dando la práctica cotidiana con mis alumnos, si practico todos los días, de allí nace el conocimiento y mi formación. No creo en teacher training ni en profesorados. Como dice el dicho: ‘la práctica hace al maestro’. Al igual que en muchos aspectos de la vida el capitalismo ha llegado a todos los aspecto de la vida, el yoga no se escapa de eso. Ahora es un negocio bastante rentable y hay que estar atentos siempre.

Creo que mi profesión como psicólogo y la enseñanza de yoga es una muy buena mezcla y me ha dado muchísimas herramientas para servir como un acompañante en los distintos procesos por los que atraviesan mis alumnos. Pero siempre tengo en la mente que también soy un estudiante y con ellos estoy en constante aprendizaje.

–¿Cómo podemos lograr un equilibrio entre el individuo y sus deseos en una Venezuela tan convulsa?

–Me parece muy compleja esta pregunta, porque de qué clase de deseos estamos hablando. Para mí el venezolano o quizás la idiosincrasia del venezolano está muy orientada hacia el modelo de consumo y el consumismo que nos dejó el rentismo petrolero. Desde acá veo la situación y me entristece muchísimo.

Porque al ver la precariedad en servicios, educación, medicinas, alimentos, etc. Aún veo las ganas de muchos en tener y tener más cosas, celulares caros, ropa cara, artículos caros. Irse de fiesta dentro de las posibilidades que les permite la situación. Y con esto dejando la responsabilidad de todo lo que está pasando, al Estado como institución, ya sea chavista u opositor. Entonces todo está muy mal por culpa de “otro” al cual le delegué la responsabilidad de ocuparse de los asuntos que no quiero hacer, manejar el país, distribuir recursos, penalizar la ilegalidad entre muchas otras. Entonces hasta que no cambiemos esa forma de ver las cosas creo que no saldremos de ese hueco en corto o mediano plazo.

Para lograr un equilibrio entre el individuo y sus deseos me parece que estaría bueno empezar a practicar yoga jajaja… Muchos de mis amigos anarquistas me dicen jipi, pero para mí por allí va la cosa. Teniendo un cuerpo saludable tenemos una mente saludable, esto sin caer en el tema estético. Cambiando prácticas y pensando mejor va cambiando la realidad en la que vivimos.

–En la Venezuela producto del rentismo petrolero, nos volvimos derrochadores y enajenados, ¿esta precariedad actual será una lección de vida?, ¿debemos aprovechar esta oportunidad para volvernos sadhu?

–Como te decía anteriormente, nuestra sociedad en general vive desde el consumismo, desde la nacionalización del petróleo casi en todas las casas venezolanas hay varias teles, microondas, lavadora, secadora, nevera, freezer, celulares y más.

Esta situación me parece una oportunidad más que para ser un sadhu y renunciar a todo y peregrinar, sería buscar una manera de reencontrarnos como venezolanos, una de las cosas que muy bien hizo Chávez y su revolución fue segmentar a la población, crear rencor y odio entre nosotros y profundizar las diferencias por sobre las semejanzas. Esto lo viví con mi familia particularmente. Ahora con todo esto de no conseguir alimentos o medicamentos ha hecho que se vayan reestableciendo los lazos de solidaridad entre chavistas y opositores, que a final de cuentas son familia, y se están empezando a reconectar esos lazos. Porque a final de cuentas todos están pasando por la misma situación.

Mirando algo positivo de todo esto es eso, buscar las maneras de encontrarse desde el apoyo mutuo, solidaridad, respeto de pensamientos e ideas por sobre todas las cosas y bueno desde el amor. Creo que las cosas no pasan por mera casualidad y que toda esta situación es producto de una forma del ser venezolano y las interacciones entre nosotros más que del gobierno de turno, que obviamente tiene muchísima responsabilidad, como al igual que el anterior.

Me pasa estando fuera del país que miro a muchos venezolanos que se traen consigo esa viveza criolla de la cual muchos están orgullosos y para mí ese es el principal problema. No hay una conciencia del otro en ningún momento. Y eso es lo que nos tiene así hundidos en esta situación.

–¿No has pensado en volver?

–Claro que lo pienso, pero por ahora para mí no es el momento. Acá estoy estudiando y aprendiendo en una de las mejores shalas de Ashtanga con una de las mejores profesoras de Sur América y mi momento está aquí. También la situación allá no es la mejor de verdad. Todos los cuentos de mis amigos y familiares me invitan a que no vuelva. Pero el vivir lejos de la familia, amigos, lugares, sabores, olores colores es muy  difícil.

La gente cree que emigrar es súper fácil y que todo llega de inmediato y no es así. Hay que trabajar mucho en todos los sentidos. Estás llegando a un país distinto con formas de relacionarse, comer, trabajar diferente y tenemos que aprender a adaptarnos. También es una muy buena experiencia que trae consigo un montón de aprendizaje. Empiezas a valorar todo lo que dejaste atrás y de alguna forma volverte más humilde.

–¿Qué te gustaría comentarle a tus compas que se quedaron en Venezuela?

–A todos ellos,  primero que nada que se cuiden mucho. La situación está bastante difícil. Creo que hay muchos de ellos que se quedan apostando por hacer que la cosa mejore y eso me llena de mucha alegría y preocupación a la vez. Aunque no estoy allá no significa que no me duela ver todo lo que está sucediendo. Y para muchos de los inmigrantes creo que tenemos una especie de duelo por la situación.

Les envío mucha fuerza y buenas vibras y que desde Buenos Aires estamos a la disposición para ayudar en la forma que me permite mi posibilidad, ya sea enviando cosas o colaborando en que sigan las producciones independientes y autogestionadas como esta revista, libros y periódicos.

La vida en el exterior no es fácil y también tenemos que sacrificar muchas cosas estando fuera. Sin embargo creo que todos estamos formándonos para llevar un mejor futuro a nuestras tierras cuando sea el momento. ¡Estamos siempre a la orden!

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